EL DÍA DEL JUICIO
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
“El que sigue la justicia y la
misericordia, hallará la vida, la justicia y la honra”. Proverbios 21:21
(Historia de sabiduría)
Después
de haber vivido “Decentemente” en la tierra, mi vida llego a su fin. Estaba
sentado en una banca, en la sala de espera de una Sala de Jurado.
La puerta se
abrió y se me ordenó sentarme en la banca de los acusados. Cuando miré
a mi alrededor vi al “Fiscal”, quien me miraba fijamente, era la persona más
demoníaca que había visto en mi vida. Me senté, miré hacia la izquierda y allí
estaba mi Abogado, un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era
familiar.
La puerta de la esquina se abrió, su presencia demandaba admiración y
respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él; se sentó y dijo: “Comencemos”. El
fiscal se levanto y dijo: “Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar por
que él debe ir al infierno”.
Comenzó a hablar de las mentiras que yo había
dicho, de cosas que había robado en el pasado, cuando engañaba a otra personas.
Satanás hablo de otras horribles cosas cometidas por mi persona y, entre más
hablaba, más me hundía en mi silla de acusado. Yo sabia que era culpable de las
cosas que me acusaban, pero también había hecho algunas cosas buenas en mi
vida, ¿No podrían esas cosas buenas equilibrar lo malo que había hecho?.
Satanás terminó con furia su acusación y dijo: “Este individuo debe ir al
infierno, y no hay ninguna persona que pueda probar lo contrario. Por fin se
hará justicia este día”. Cuando
llegó el turno de mi abogado se levantó y solicitó acercarse al juez, quien se
lo permitió, haciéndole señas para que se acercara, peces a las fuerte protesta
de Satanás.
Hasta entonces me di cuenta por qué me había parecido tan familiar,
era Jesús quien me representaba, mi Señor y Salvador. Se paró frente al Juez, y
suavemente le dijo: “Hola Padre”, y se volvió para dirigirse al jurado,
“Satanás esta en lo correcto, al decir que este hombre ha pecado, no lo voy a
negar. Reconozco que el castigo para el pecado es muerte este hombre merece ser
castigado”. Respiro Jesús fuertemente, se volteó hacia su “Padre” y con los
brazos extendido proclamó: “Sin embargo, Yo di mi vida en la cruz para que esta
persona pudiera tener vida eterna y él me ha aceptado como su Salvador, por lo
tanto es mío”.
Mi Salvador continuó diciendo: “Su nombre esta escrito en el
libro de la vida y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que
este hombre no merece justicia, sino misericordia.
Cuando Jesús se iba a
sentar”, hizo una pausa, miró a su Padre y suavemente dijo: “No se necesita
hacer nada mas, lo he hecho todo”. El
Juez levantó su poderosa mano y, golpeando la mesa fuertemente, las siguiente
palabras salieron de sus labio: “Este hombre es libre, el castigo para él ha
sido pagado en su totalidad, caso concluido”. No hay mandamiento más grande que
amar a tu prójimo como a ti mismo. ¿Por qué quedarnos con los brazos cruzados…
cuando el hombre más grande del mundo murió con los brazos abierto?
Con esta Historia explique a los adolescentes que Dios
entrego a su único hijo en Salvación de nuestra alma, por tanto es necesario el
arrepentimiento y entrega de vida 100% para lograr la Salvación.
DIOS BENDIGA SU VIDA!!
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